enero 24, 2007

Cartas olvidadas


Era una tarde soleada como esas que alguna vez disfrutamos juntos, sin embargo, tenía frío. ¿Quizá porque en algún rincón abierto de mi alma deseaba que estuvieras aquí conmigo, abrazándonos, como nos gustaba hacerlo?

Esta pequeña carta, es sólo eso, palabras, nada más que palabras. Son sentimientos que un día decidí plasmar sobre el papel, pequeñas historias de ilusión y desesperanza. Esperaba que con estos relatos pudieras mirar atrás y recuperar los sueños de antaño, recordar aquellos sentimientos ya olvidados, aquellas noches de luna en que estuvimos en tan buena compañía.

Me hubiera gustado hacerte pensar lo que es el amor, lo que es no tenerlo. Me hubiera gustado hacerte recordar, sentir y obligarte quizás en algunos momentos a volver a soñar. Recordarías aquellos instantes mágicos y también, como no, aquellos sombríos. Vendrían a tu mente, a tu cuerpo, sensaciones, recuerdos de antiguas caídas, de tiempos perdidos, pero estarías de acuerdo conmigo que siempre valió la pena volver a empezar. Quizá sólo hubieras sentido una tenue nostalgia.

Quizá no hubieras sentido nada, entonces habría pensado “es culpa mía, de quien escribió estas palabras, porque al final, no son nada más que eso, sencillas palabras a las que me gustaría llenar de magia, hacerlas volar.”

Pero, ¡qué va! Tonterías. Me dijeron, olvídate del pasado idiota y no sufras por el futuro imbécil. Al hacerlo, acogí con esperanza mi cotidianidad y disfruté mi rutina como un nuevo empezar.

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